Dormir en el frío: El terror y la realidad de la falta de vivienda

 

gente sin hogar, albergues, vagabundos, vivir en las calles, Massachusetts, Boston,Una de las bravatas de Nueva Inglaterra es que el frío jamás falta en el invierno, los meses de enero, febrero y marzo pueden convertirse en un suplicio. En las últimas semanas hemos experimentado temperaturas polares capaces de entumecer nuestros huesos y hacer a algunos considerar mudarse “más al sur”. Es justamente en esas fechas de gélidas escapadas entre mi casa y el trabajo que me puse a pensar: ¿Qué pasa con aquellos que no tienen un hogar? La realidad es que miles de personas a nivel mundial y en este país viven en las calles, y el clima en varias partes puede ser inhóspito y hasta mortal. Aquí en Massachusetts no falta el frío como tampoco faltan las mujeres, hombres y niños que no tienen una vivienda y a falta de albergues, o alguien que les de una mano, tienen que sobrevivir en la crueldad de la intemperie o en condiciones deplorables.

Si el clima se muestra cruel, la indiferencia e ignorancia de muchos con respecto al por qué de la existencia de gente sin hogar lo puede ser también, y esto es algo que debe considerarse. Muchos creemos que la gente que no tiene un hogar es porque es drogadicta, vaga o porque está loca; o porque ellos han escogido un estilo de vida que los ha conducido allí, y hasta allí llega nuestro entendimiento y compasión. Aunque esta es la realidad en muchas ocasiones, esto no quita que estas personas tengan derechos básicos como un techo y calefacción. En otras ocasiones desgraciadamente varias personas son forzadas a encontrarse sin hogar debido a casos de violencia familiar, abuso sexual, enfermedades severas, abandono, desalojo, bancarrota, incendios, desastres naturales, entre otros.

La cierto es que convertirse en indigente o encontrarse sin hogar, aunque sea por una noche, le puede pasar a cualquiera en cualquier momento. A veces esto es difícil de creer pero ocurre. Años atrás cuando recibí entrenamiento para ser voluntaria en Horizons for Homeless Children, una organización que ayuda a niños sin hogar, comprendí lo poco que sabía sobre el tema. Una joven mujer nos explicó, a mí y al grupo que recibía el entrenamiento, que a pesar de tener una maestría y dinero tuvo que salir corriendo de su casa a los pocos días de mudarse a Massachusetts, sin más que la ropa que traía puesta y con un hijo en brazos y otro a cuestas luego de que su marido llegara una noche borracho, o quizá drogado, y la amenazara con matarla tras ponerle una pistola en la cabeza y luego apuntara a uno de sus pequeños. Así, de un día para otro, una mujer educada que se creía felizmente casada se encontró sin hogar y sin nadie cercano a quien acudir. Ella pasó algunos días en un refugio de emergencia hasta recibir ayuda de su familia, pero la historia de decenas de mujeres en su mismo albergue eran peores que la suya y no parecían tener solución a corto plazo. De cualquier manera ella y otras mujeres fueron privilegiadas de contar con un lugar seguro donde pasar la noche, pues desgraciadamente ese no es el caso de todos aquellos que pueden verse sin hogar.

En Massachusetts las cifras de personas que se encuentran viviendo en las calles continua en aumento de acuerdo a información del Massachusetts Coalition for the Homelessness (Coalición de Massachusetts para terminar la falta de vivienda) y se sabe que “en una noche cualquiera en Massachusetts, las aproximadamente 3.000 camas de los refugios para personas sin hogar, suelen estar llenas”. En el 2013 se estimó que MA tuvo alrededor de 19.029 personas sin hogar de acuerdo con un informe del Departamento de Vivienda de los Estados Unidos. Así mismo datos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Comunitario de Massachusetts estiman que en noviembre de 2014 alrededor de 4.800 familias con niños y mujeres embarazadas estuvieron en el programa de Asistencia de Emergencia; de estas familias más de 1.500 fueron refugiadas en moteles. Para empeorar las cosas aquí en MA, en Octubre del año pasado el albergue de Long Island (un refugio de emergencia) tuvo que cerrar debido al declive del puente de dos carriles que conecta la isla con Boston. Una inspección encontró al puente demasiado peligroso para que vehículos siguieran transitando, por lo que alrededor de 400 personas albergadas en Long Island tuvieron que ser trasladadas.

De acuerdo a datos actuales varios albergues tienen listas de espera, hay una carencia de infraestructura para ayudar a personas sin hogar y más encima el número de estas sigue en aumento. Lo peor del caso, y algo que muy poca gente considera, es que en algunas ocasiones hay gente que se encuentra sin un hogar y vive de esta forma a escondidas de sus familiares o amigos; esto suele ocurrir con mujeres que son víctimas de violencia familiar o sexual, pues tienen que huir de sus casas y por vergüenza o miedo no se atreven a pedir ayuda. Las historias y estadísticas de gente sin hogar son alarmantes. Hay casos de familias que han perdido sus hogares en juicios hipotecarios y al ser desalojadas viven en carros o en otras circunstancias desfavorables y por vergüenza no buscan ayuda adecuada a tiempo. Hay miles de niños que por distintas razones se encuentran sin un hogar en un momento determinado. De acuerdo al Departamento de Educación Primaria y Secundaria de Massachusetts 9.493 estudiantes de edad escolar en las escuelas públicas durante el 2013 experimentaron falta de vivienda en un día cualquiera en el estado.

En estos meses de temperaturas inclementes los albergues hacen todo lo posible por dar refugio a cuanta persona necesite, pero los recursos son limitados y la burocracia puede demorar la ayuda. El Alcalde de Boston, Martin Walsh, recientemente declaró su preocupación por el clima y personalmente pidió que los residentes de Boston velen por el bienestar de sus vecinos. También manifestó su preocupación por el cierre del albergue de Long Island y se ha comprometido a mejorar la situación de vivienda en Boston. Aunque no es mucho lo que como individuos podemos hacer para solucionar la escasez de vivienda y ayudar a aquellos sin hogar, colectivamente cualquier tipo de contribución puede hacer una diferencia enorme en la vida de miles de personas. Algunas cosas que se pueden considerar son: Ayudar a disipar los mitos de las personas sin vivienda para que estas sean tratadas con respeto; donar tiempo, dinero, comida, ropa, frazadas, libros, juguetes y demás a alberges u organizaciones que ayudan a personas sin hogar; alertar a las autoridades si se ve a alguien durmiendo a la intemperie; escribir a corporaciones y a gobernantes para que se tomen medidas para acabar con la falta de vivienda y se ofrezcan más viviendas de interés social.

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